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El falso dilema de Guyana: Cuando la hipocresía occidental choca con el derecho al desarrollo

  • Foto del escritor: Jorge Miroslav Jara Salas
    Jorge Miroslav Jara Salas
  • 7 feb
  • 3 Min. de lectura
Guyana - Stabroek Block
Guyana - Stabroek Block

En mis más de 30 años de carrera gestionando proyectos energéticos en regiones tan diversas como el Mar Caspio, África Occidental y América Latina, he sido testigo de primera mano de cómo la energía transforma sociedades. Sin embargo, pocas veces he visto un debate tan polarizado—y a menudo tan hipócrita—como el que rodea actualmente el auge petrolero de Guyana.


Hoy, el mundo observa a esta pequeña nación sudamericana, que ha pasado de la periferia económica a convertirse en un titán energético emergente. Se espera que para finales de 2026, Guyana sobrepase una producción de 1.200.000 barriles diarios, superando a productores históricos como Colombia y Argentina. Este auge no es un lujo; es la llave para mejorar la calidad de vida de su población y evitar lo que su propio gobierno ha calificado acertadamente como "una condena a la pobreza".


Sin embargo, desde las capitales de Occidente, se alzan voces que exigen detener este crecimiento en nombre de la moralidad climática. Se cuestiona si Guyana tiene el "derecho" a explotar sus recursos en plena crisis global. Ante esto, mi postura técnica y ética es clara: ¿Quién tiene el derecho moral de dictar el ritmo de desarrollo de una nación emergente?


La hipocresía de la narrativa verde


Recientemente, un periodista inglés cuestionó al presidente de Guyana sobre si se sentía "moralmente responsable" por las futuras emisiones de su petróleo. La respuesta fue magistral y expuso la raíz del problema: las potencias desarrolladas contaminaron el mundo sin restricciones durante décadas para construir su riqueza, y ahora pretenden retirar la escalera a quienes intentan subir.


Es fundamental inyectar realismo en esta conversación. Mientras se presiona a Guyana—un país cuyas selvas y bosques siguen absorbiendo más CO₂ del que emiten, manteniéndose como un sumidero neto de carbono—los datos globales cuentan una historia muy diferente sobre quiénes son los verdaderos responsables del problema actual.


La narrativa dominante habla de transición, pero la realidad es que la era del carbón nunca terminó. El año 2023 fue récord en consumo de este mineral, con más de 8.600 millones de toneladas quemadas a nivel global. Potencias como China e India dependen en más de un 50% y 70% respectivamente del carbón para su generación eléctrica y han aprobado nuevas centrales,. Resulta, por tanto, una hipocresía sentenciar el desarrollo petrolero de un país pequeño mientras las grandes economías continúan basando su estabilidad en el combustible fósil más contaminante.


Hacia un debate técnico, no moralista


Como ingeniero, insisto en que la solución no pasa por debates morales vacíos, sino por la innovación tecnológica y el pragmatismo. Una transición energética justa no se logra prohibiendo, sino sustituyendo de manera ordenada y eficiente.

Debemos entender las escalas. Para replicar la energía base que producen los hidrocarburos, las renovables requieren una infraestructura física inmensa; un campo solar puede necesitar el tamaño de media ciudad para igualar a una planta térmica convencional. Por ello, el gas natural es el puente más viable hoy en día, capaz de reducir las emisiones en un 50% en comparación con el carbón.


El verdadero punto de inflexión llegará no con decretos políticos, sino con avances técnicos. El cambio real ocurrirá cuando encontremos productos que puedan reemplazar al petróleo no solo como combustible, sino como materia prima esencial para fertilizantes y plásticos. Hasta entonces, negar a países en desarrollo el acceso a sus recursos no es justicia climática, es una imposición injusta.


El enfoque urgente debe ser eliminar el carbón y generar políticas globales realistas que equilibren la sostenibilidad con el desarrollo humano. Guyana tiene el derecho a florecer, y el mundo desarrollado tiene el deber de apoyar una transición basada en la equidad y la tecnología, no en la restricción del progreso ajeno.

Sobre el autor: 

Jorge Miroslav Jara Salas es un experto global en energía con más de 30 años de experiencia liderando operaciones complejas en la industria petrolera. Actualmente es Chairman and CEO de Magnaccord Group SL, empresa especializada en inversiones estratégicas en el sector energético de América Latina. www.jorgemiroslavjarasalas.com


 
 
 

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