Chevron y el renacer petrolero del Perú: De la nostalgia histórica a la oportunidad estratégica
- Jorge Miroslav Jara Salas
- 19 ene
- 3 Min. de lectura

La historia de la energía suele ser cíclica, y el Perú es el mejor ejemplo de esta paradoja. A menudo, el mundo académico y la industria señalan el pozo de Edwin Drake en Pensilvania (1859) como el "kilómetro cero" de la era moderna del petróleo. Sin embargo, en el Perú se olvida con frecuencia que su legado es casi igual de antiguo y pionero: solo cuatro años después, en 1863, se perforó en Zorritos el primer pozo comercial de Sudamérica y el segundo del mundo.
El país fue vanguardia, pero esa historia de éxito se ha ido diluyendo. Quienes llevamos décadas en este sector recordamos con claridad cuando la producción peruana rozaba los 200,000 barriles diarios en los años 80. Hoy, la realidad es un golpe de agua fría: apenas se producen 40,000 barriles al día. Esta caída no es solo una estadística; es una herida económica que obliga a importar más del 70% de la demanda energética nacional, colocando a la nación en una posición de vulnerabilidad inaceptable para un territorio con tal potencial geológico.
El "Factor Chevron" y los Lotes del Norte
Como profesional con 30 años en las trincheras energéticas globales, he visto muchas promesas ir y venir, pero la llegada de una "Major" como Chevron a los lotes marinos del norte (Z-61, Z-62 y Z-63) representa un punto de inflexión genuino. No se trata de una exploración menor; se habla de áreas que, según estudios sísmicos y geológicos, podrían albergar recursos prospectivos de entre 3 y 4 mil millones de barriles de petróleo y gas.
Para ponerlo en perspectiva: si estas proyecciones se confirman mediante una campaña de exploración upstream agresiva y técnica, el Perú no solo dejaría de importar combustible. Podría recuperar su autosuficiencia energética en una década y volver a ser un exportador neto en la región.
El Verdadero Obstáculo: La Burocracia, no la Geología
Es vital entender que el freno de mano de la industria local no ha sido la falta de recursos en el subsuelo, sino un marco normativo anacrónico. La actual Ley Orgánica de Hidrocarburos data de 1993. En aquel entonces, el barril de crudo costaba 10 dólares y el mundo era otro.
Pretender competir en el mercado global de 2026 con reglas de 1993 es imposible. Esa legislación obsoleta, sumada a una "permisología" asfixiante que ha llegado a retrasar proyectos hasta por cinco años, es lo que ahuyentó a la gran inversión durante la última década. El capital es cobarde por naturaleza: huye de la incertidumbre y la ineficiencia.
Una Ventana Geopolítica Única
Sin embargo, la marea está cambiando y se debe aprovechar la corriente. Desde una perspectiva geopolítica, Estados Unidos y las potencias occidentales están reconfigurando sus mapas de seguridad energética, volviendo su mirada al hemisferio occidental (nearshoring). Buscan proveedores confiables, cercanos y estables.
He liderado operaciones en entornos complejos como Nigeria, y puedo afirmar categóricamente que el riesgo operativo en el Perú es significativamente menor. El país ofrece una estabilidad comparativa y, sobre todo, un talento técnico local de primer nivel que pocos lugares tienen.
Chevron no solo trae capital; trae tecnología de aguas profundas y lo que me gusta llamar el "Efecto Guyana". Al igual que sucedió en el norte del continente, donde un hallazgo masivo transformó el PIB guyanés en tiempo récord, el Perú está ante la posibilidad de que una sola operación exitosa cambie el destino económico de la nación. La mesa está servida; solo falta la voluntad política para modernizar las reglas y dejar que la ingeniería haga su trabajo.
Por: Jorge Miroslav Jara Salas Experto Global en Energía | Presidente de Magnaccord Group SL.
Te invito a leer y comentar mis comentarios en un reciente artículo del Diario La República en Perú https://larepublica.pe/publirreportajes/2025/12/03/chevron-y-peru-el-renacer-de-una-historia-petrolera-200808



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