La Paradoja del Gas en Colombia: Entre la Ideología y la Soberanía Energética
- Jorge Miroslav Jara Salas
- 5 ene
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 18 ene

En mis más de 30 años de experiencia internacional en la industria del petróleo y gas, he aprendido que las decisiones energéticas no pueden tomarse basándose únicamente en deseos; deben fundamentarse en la realidad geológica, técnica y económica. Hoy, Colombia enfrenta una cuenta regresiva crítica: con el consumo actual, las reservas probadas de gas (2.064 gigapiés cúbicos) se agotarán en menos de seis años.
Esta realidad nos pone frente a una encrucijada que he analizado recientemente, y compartí en el portal “Las 2 Orillas” https://www.las2orillas.co/asi-es-como-el-fracking-podria-evitar-que-colombia-se-quede-sin-gas/ : el país se debate entre mantener una postura ideológica estricta o garantizar su supervivencia energética mediante el fracking.
El desafío no es técnico, es ideológico
A menudo escuchamos que el fracking es incompatible con la protección ambiental. Sin embargo, desde una perspectiva de ingeniería, esta afirmación carece de matices. La técnica, que combina perforación horizontal con multiples fracturas controladas, permite extraer hidrocarburos de las rocas madres (rocas tipo lutitas, esquistos) de baja permeabilidad de manera eficiente.
La clave reside en la excelencia operativa. Cuando se asegura correctamente la integridad del pozo, mediante una cementación y aislamientos adecuados, no existe riesgo de migración de fluidos hacia la superficie. Como he sostenido públicamente, en toda industria —sea minería o hidrocarburos— siempre habrá algún tipo de afectación. El objetivo profesional no es eliminar la actividad humana, sino minimizar y controlar sus efectos con tecnología de punta.
La gran paradoja de Ecopetrol
Quizás el punto más irónico de la situación actual es lo que llamo la "paradoja de Permian". Mientras en Colombia se prohíben los pilotos de investigación, Ecopetrol participa exitosamente en proyectos de fracking en la cuenca Permian de Estados Unidos junto a Oxy.
Es decir, la mas grande empresa estatal Colombiana aprende, invierte y obtiene grandes beneficios de esta tecnología en el extranjero, pero se le prohíbe implementarla en casa para beneficio de los colombianos. Si aplicáramos ese conocimiento en las ocho cuencas geológicas potenciales que se tienen en Colombia (como en el Magdalena Medio o el Cesar), las reservas de gas podrían multiplicarse por diez, alejando el fantasma del desabastecimiento por décadas.
El costo de perder la soberanía energética
La decisión de detener los proyectos piloto, como los de Kalé y Platero en Puerto Wilches, nos ha quitado la oportunidad de obtener información científica valiosa sobre cómo hacer esto de forma segura,. El resultado ya lo estan sintiendo los colombianos: estamos importando cerca del 20% del gas necesario, lo que significa que el país ha cedido su soberanía energética.
El gas importado (GNL) es costoso. Antes era un recurso de emergencia para tiempos de sequía; hoy es una necesidad constante. Si la industria no puede pagar estos precios, se verá forzada a regresar al carbón, lo cual es un retroceso absoluto en términos de transición energética y reducción de huella de carbono.
Conclusión: Un llamado al pragmatismo
Con la mentalidad actual, es difícil lograr un equilibrio entre desarrollo y protección ambiental. Sin embargo, Estados Unidos logró recuperar su poder global gracias al fracking. Colombia tiene los recursos y la capacidad técnica para hacer lo mismo.
Como experto y empresario, mi postura es clara: el tema requiere una aproximación pragmática, no política. No se trata de elegir entre el agua y el petróleo, sino de utilizar la ingeniería y la regulación estricta para que ambos coexistan, garantizando que los hogares colombianos no tengan que pagar el precio de una crisis que pudimos evitar.
Por: Jorge Miroslav Jara Salas Experto Global en Energía | Presidente de Magnaccord Group SL.
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